Si se da crédito a la mayoria de los agitadores musulmanes actuales, Israel es el fruto impío del gran Satán: Estados Unidos de América. De hecho, Woodrow Wilson fue el primer presidente en plantear esta cuestión, pues era contrario a la idea de un << Estado nacional judío en Palestina>>.
La idea misma de Israel tuvo como sus verdaderos defensores a los británicos, quienes en 1917 promulgaron la célebre Declaración de Balfour, que propiciaba la creación de un Estado judío. Esto no era ajeno a la afición británica por los judíos en general y por los sionistas en particular ( el término sionista está cargado de sentido, por cierto, pero literalmente designa a alguien que cree en el estado judío). En realidad, la Declaración de balfour estaba basada en la idea absurda de que los líderes sionistas de la época controlaban la revolución bolchevique en Rusia y el destino político de Estados Unidos. Los sionistas, que eran conscientes de su propia ineficacia, nunca soñaron con tener tamaña influencia ni aspiraban a nada por el estilo.
En el otoño de 1917, el gabinete de guerra británico se enfrentaba a una grave situación. Rusia estaba vacilante y a punto de quedar fuera de la guerra, y pasarían muchos meses, quizás más de un año, hasta que los nuevos batallones americanos pudieran ser entrenados, transportados y desplegados para tapar los agujeros del debilitado frente occidental.
¿Cómo podrían los británicos respaldar a Rusia y estimular a los americanos al mismo tiempo?.
Sir Mark Sykes, el jefe de la diplomacia para asuntos de Oriente Medio, tenía la respuesta..Con un lenguaje florido y extasiado, que se acercaba más al de una novela victoriana que al de un moderado documento de Estado, proclamó que el movimiento sionista detentaba un gran poder sobre los bolcheviques en Rusia y sobre el gobierno del presidente Wooldrow Wilson en Estados Unidos. El compromiso con la causa británica para establecer un Estado judío en Palestina permitiría que la " gran judería " consiguiera la continuidad de la participación de Rusia en la guerra, a la vez que se lograría comprometer más rápidamente a América para que enviara fuerzas al frente occidental. El gobierno del primer ministro David Lloyd George, desesperado por agarrarse a un clavo ardiendo, se plegó a esta febril fantasía.
El jefe del movimiento sionista en Gran Bretaña, Chaim Weizmann, no tenía ni idea de estas estrambóticas elucubraciones. El creía sinceramente que el creciente interés británico por su causa se basaba en la pasión por la Biblia y por la justicia para los judíos, así como en una gratitud por su valioso papel en la construccion de modernas fábricas de municiones en Gran Bretaña, decisivas para la provisión de proyectiles para la guerra.
Si Weizmann hubiera conocido las reales motivaciones de los británicos para adherirse al sionismo, se habría reído. Es cierto que había una cantidad desproporcionada de judíos entre los jefes bolcheviques, siendo Trostki el más notorio entre ellos. Pero en la población total eran minoritarios y -como buenos comunistas- detestaban cualquier forma de nacionalismo. A lo largo de setenta y cuatro años de historia soviética, todas las formas de nacionalismo judío o de organización sionista fueron implacablemente reprimidas por los sucesivos gobiernos comunistas.
La idea de que Weizmann se había metido en el bolsillo a Woodrow Wilson no era menos absurda. A pesar de su conocida prédica relativa a la autodeterminación nacional, aquel presidente era muy selectivo y arbitrario con respecto a las nacionalidades a las que confería autoridad o a las que ignoraba o reprimía. El nunca dio muestras de simpatía por la política de creación del Estado judío y, posteriormente, envió tropas a Palestina para oponerse violentamente a su constitución. El primer presidente de Estados Unidos que apoyó de forma pública y explícita la creación de un Estado nacional judío en Palestina fue el sucesor de Wilson: Warren G. Harding.
Mark Sykes murió en 1919, habiendo conseguido ocupar un lugar en la historia. Las sucesivas generaciones de judíos sionistas e israelíes lo han venerado como un gran amigo y benefactor, y muy pocos de ellos sabían que resultó ser su aliado como consecuencia de su aceptación caballeresca de algunos de los peores mitos antisemitas.
miércoles 3 de junio de 2009
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