jueves 4 de junio de 2009

Donde América se equivocó

La enfervorizada izquierda puede gritar todo lo que quiera, pero ninguna persona sensible va a creer que la Administración Bush invadió Irak para enriquecer a las compañias petrolíferas o para distraer a los americanos de otros errores del gobierno. Los políticos norteamericanos eran absolutamente sinceros cuando pensaban que podían, y que así lo harían, conducir a Irak hacia una democracia estable despues del derrocamiento de Sadam Hussein en marzo de 2003.
Pero el camino del infierno está asfaltado de buenas intenciones. El camino a Bagdag estuvo jalonado por una visión ingenua y excesivamente benevolente de los grupos de influencias presentes en Irak. El plan de la Administración Bush para restablecer rápidamente la democracia en Irak tuvo serios tropiezos debido a una gran subestimación de la naturaleza intransigente, nada sofisticada y muy antioccidental de sus enfrentadas comunidades.
En 2003 Estados Unidos destinó a Irak solamente la cuarta parte o quinta parte de las fuerzas terrestres que hubieran sido necesarias para preservar la ley y el orden, y para poder prevenir la caída inmediata en la anarquía. La disolución de la estructura del temido ejercito de Sadam fue otro error derivado de un humanitarismo inadecuado. No existía ninguna otra fuerza que pudiera ocupar su lugar a corto plazo, y muchos de los antiguos oficiales de Sadam pasaron a estar en el centro de la nueva insurgencia sunita, que se desarrolló con gran rapidez. Los políticos de Washington estaban obsesionados con crear una constitución " ideal " y " equilibrada " para Irak y con organizar una laboriosa maquinaria para unas elecciones populares y los correspondientes procedimientos parlamentarios, pero a la vez no prestaban atención a cuestiones básicas relativas a la producción de alimentos, combustibles, gasolina y otras necesidades económicas, y a garantizar de manera eficaz el imperio de la ley y el orden.. Ellos creían que el 60 por ciento de la comunidad chiita podía ser rápidamente cooptado por charlatanes como Ahmed Chalabi, que nunca había dirigido ningún movimiento popular significativo, o por líderes religiosos como el gran ayatolá Ali al-Sistani, que estuvo en contra de Washington desde el primer momento. Nunca pensaron que los chiitas iraquíes, conducidos por nuevas milicias que se organizaron con rapidez, podian tener una agenda propia y contraria a los intereses norteamericanos.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada