miércoles 3 de junio de 2009

Cómo la debilidad del imperialismo británico ha generado el conflicto árabe-israelí

Durante los treinta años en que gobernaron Palestina, los británicos hicieron mucho por los árabes y por los judíos.La población del pais se triplicó, y se alcanzó una prosperidad desconocida desde los tiempos de los romanos. Se canalizaron las aguas, se sanearon los pantanos y se construyeron instalaciones sanitarias, hospitales y escuelas para ambas comunidades. Lo único que faltaba era la ley y el orden.
El 4 de abril de 1920, menos de un año y medio después de la terminación de la Primera Guerra Mundial, un programa antijudío asoló las calles de la ciudad antigua de Jerusalén, matando a una cierta cantidad de judíos e hiriendo a cientos de ellos. En los cuatrocientos años de gobierno turco-otomano nunca había sucedido algo semejante.
Con el liderazgo de un imperio más amable y apacible, la población judía vivía, sin embargo, más amenazada que durante el severo imperio musulmán precedente. Los británicos eran incapaces de mantener la paz, y la violencia antijudía se reiteraba constantemente, cada vez con mayor ferocidad y con un aumento exponencial de la cantidad de victimas.
El primer gobernador civil designado por los británicos para dirigir Palestina después del breve y desastroso período de ocupación militar fue el idealista líder del Partido Liberal sir Herbert Samuel, que era judío.
Al más clásico estilo progresista, Samuel intentó convertir a los enemigos del país en sus amigos, mostrando hacia ellos piedad y bondad.Lo que cosechó a cambio fue toda una generación de luchas y derramamientos de sangre, durante los cuales miles de inocentes de ambos bandos pagarían con sus vidas por la mentalidad progresista de sir Samuel.

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